lunes, 11 de junio de 2007

los sueños pueden convertirse en pesadillas

Conozco más mi interior que mi exterior, por eso cuano súbitamente me vi rodeado de espejos me sentí extraño. Eran grandes y chicos. Parecían irreales, pero se palpaban fríos y suaves como cualquier otro.
En el reflejo apareció aquella casa de verano al lado del mar, donde yo iba a lo que creía una mansión cuando niño. La tristeza se esfumaba entre sal y agua. El sol era tenue como una brisa fresca y apenas húmeda. Me vi a mis cortos tres años, en una imagen que ni siquiera sabía que había ocurrido, mas era tan cierto como la realidad misma. Estaba en los brazos de mi madre cuando aún la amaba, no como ahora que se ha convertido en una bruja.
Miré hacia otro lado y la imagen desapareció, en cambio me descubrí reflejado yo mismo o lo que yo supuse que era mi reflejo.
Algo extraño rondaba ese delirio. Mi yo del otro lado del espejo era más decidido, tenía movimientos limpios, algo gatunos. Su pocisión era distinta, puede ser porque no solía mirar al suelo como yo.
Llegué a pensar que mi reflejo estaba tan atrapado en ese espejo como mi vida, dando vueltas en círculo porque no había más.
Entonces, mi imagen se lavó la cara y se dispuso a salir. Caminó, me miró fijamente, tomó las llaves y desapareció.
Traté de irme yo también y volver a la vigilia, mas por primera vez me di cuenta de que era yo el atrapado, que era yo la imagen y no había más realidad que ésta, que mi interior era distinto a aquel que vi al otro lado, pero que éramos iguales en el exterior. Y esto, ya no sólo era una pesadilla.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El apuro no ayuda en la escritura. Cuidado con el uso del yo. Eso se puede evitar.

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Somos un grupo(bastante bacán) compuesto por tres literatas, dos publicistas y un periodista. Muchas diferencias entre las carreras,hay una cosa que nos une: La universidad Diego Portales y su clase de Redacción con Jordi y Flor :D!